Reciclaje de cajas de pescado: tres cambios de manos, del impuesto al reciclado

Primer cambio de manos: el impuesto de fábrica

Desde enero de 2023, la Ley 7/2022 grava los envases de plástico no reutilizable con un impuesto especial: 0,45 euros por kilo de plástico no reciclado. La caja de poliespán entra de lleno en ese ámbito, y el pescadero ya la paga en el precio de cada caja nueva. La norma también marca la salida: cuanta más masa reciclada certificada, menor base imponible. Para quien compra envases, cada punto de material reciclado aligera la factura fiscal.

La escala la marca Galicia: unos 3.400 bateas que el pasado año sacaron 178.000 toneladas de mejillón, con una facturación de 124 millones de euros, el mayor productor de Europa. Casi todo ese mejillón sale del agua en caja de poliespán y sigue ruta por carretera; a lo largo de una campaña, circulan millones de cajas, cada una con su recibo fiscal pegado.

Caja de pescado de poliespán lista para reciclar

Segundo cambio de manos: del trastero al camión de recogida

El recorrido de la caja está fijado: sale de madrugada de la lonja o de la planta con hielo en el fondo y llega al mercado mayorista o a la trastienda del supermercado antes del mediodía. Por higiene, sirve para un solo uso.

El problema llega después. La mayoría de los municipios no admite las cajas de pescado en el contenedor amarillo —con escamas y agua residual no entran—, así que solo queda el canal de residuos comerciales: contactar con un gestor de residuos o apañarse con la recogida que organice el mercado. La caja pesa poco y ocupa mucho; una decena ya llena un palé, y la recogida se cotiza por volumen o por viaje, con un camión que sin compactar carga apenas 1,2 toneladas. Al final, el comercio paga dos veces por la misma caja —impuesto al comprarla nueva, flete al tirarla— y no recupera un céntimo.

De ahí que más pescaderos y plantas decidan ceder el residuo en bloque, por toneladas, a un reciclador.

Máquina recicladora de EPS GREENMAX

Tercer cambio de manos: el margen del reciclador

En el patio del reciclador, el beneficio se juega en un solo paso: convertir espuma suelta en bloque denso. Ese paso lo da una compactadora de EPS. La caja se tritura y entra en la compresión de tornillo; el modelo en frío Apolo llega a un 50:1, y los bloques se venden al precio de mercado o los compra GREENMAX para transformarlos en marcos y molduras. Para el reciclador que acepta residuos del mercado de pescado, esta máquina recicladora de EPS es justo el eslabón donde el reciclaje de cajas de pescado produce ingreso: entra material suelto y barato, sale material denso y vendible, y una máquina GREENMAX aguanta más de diez años.

Con la A-C100 de la serie Apolo como referencia: 10,75 kW de consumo, una tonelada de cajas tratada en unas 10 horas y capacidad de sobra para 500 cajas al mes. Como la caja llega con agua, la cámara de compactación y la de extrusión van en acero inoxidable reforzado, a prueba de corrosión. Y fuera de la máquina, GREENMAX también hace la compra de EPS compactado —del diseño de la solución a la salida de los bloques, el reciclaje de poliespán queda resuelto de principio a fin.

Bloques de poliespán compactado listos para venta

El problema del olor: la línea de lavado

A los recicladores les queda una objeción, muy práctica: el olor. Los trabajos de AIMPLAS y Acteco confirmaron que al compactar la caja de pescado el olor se intensifica —por eso estos residuos casi nunca se reciclaban en España y solían salir de la UE ya prensados.

La respuesta es una línea de lavado. La espuma triturada pasa por lavado por fricción, aclarado y centrifugado; la sal y los restos orgánicos se van con el agua, y el material sale limpio y de bajo olor, listo para la regeneración. GREENMAX ya tiene una línea así en funcionamiento en Italia para envases de pescado, con la configuración verificada en planta, directamente trasladable a las cajas españolas.

En el siguiente vídeo se ve esta máquina de lavado de cajas de pescado durante las pruebas en la fábrica de GREENMAX, con el proceso y el resultado en funcionamiento:

Mirados los tres cambios de juntos: el impuesto lo fija la ley, el transporte lo fija el volumen y el beneficio lo fija la máquina. El material reciclado vuelve a la caja nueva, entra en la base imponible certificada y la próxima factura fiscal sale más corta.

El pescadero ahorra el tratamiento, el reciclador gana una materia prima y la caja no acaba en el vertedero. Eso es, en la práctica, el reciclaje de poliespán en España.


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